Thriller

Jeju: el aterrador destino de los recuerdos

Sin lugar a dudas uno de los destinos que a muchos extranjeros seguidores de hallyu les gustaría visitar una vez lleguen  a Corea del Sur, es la isla Jeju, pues esta ha sido escenario para dramas populares como Boys Over Flowers y programas de variedades como Running Man. Sin embargo, aun cuando esta isla es reconocida como el sitio que no te puedes perder debido a su gran potencial turístico, también es cierto que clasifica entre uno de los lugares más terroríficos de corea.

La isla Jeju no solo está rodeada de hermosos paisajes y es considerada un destino romántico, sino que hay historias detrás de ella que la convierten en un destino aterrador, como es el caso de “La masacre del 3 de abril”, un evento que se desarrolló entre el 1º de marzo de 1947 y el 21 de septiembre de 1954, cambiando la vida del lugar y sus habitantes para siempre. Personalmente prefiero decir que Jeju es un lugar cargado de recuerdos y memorias que no quieren olvidar, porque atribuir el adjetivo de espeluznante parece dejar de lado lo que realmente importa.

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Los visitantes de la isla de Jeju pueden sorprenderse al saber que la pista de aterrizaje en el aeropuerto internacional se extiende sobre fosas comunes.   Foto: Asia Times / Andrew Salmon

 

Luego de la independencia de Japón y cuando el mundo estaba ajustando detalles y preparándose para la Guerra Fría, una gran cantidad de isleños (y por cantidad nos referimos a miles) se opusieron a la división de la península coreana y se manifestaron en contra de las elecciones que formaron la república de Corea del Sur, en el año 1948.

En medio de un ambiente difícil de controlar y con la tensión a punto de desbordarse, militares y policías enfrentaron a los pobladores, consiguiendo que 30 mil personas murieran durante ese período. El conflicto comenzó el primero de marzo de 1947, durante el aniversario del movimiento independentista de 1919.  Y según el material que es repartido a las visitas de los memoriales en la isla por el comité conmemorativo de los 70 años de la masacre, durante ese tiempo no existía nada como la izquierda o derecha en Jeju, las personas habían salido a marchar unidas reclamando “una verdadera independencia y mejor sociedad”.

Aquel 3 de abril de 1948, Go Wan soon con solo nueve años de edad fue testigo de cómo el pueblo que había habitado por años, fue irrumpido por militares. Ella, su madre y su pequeño hermano de tres años fueron arrastrados lejos de la casa mientras los amenazaban con bayonetas y eran dirigidos hasta el patio de la escuela primaria del pueblo, observando cómo las viviendas a su paso se incendiaban y las personas que estaban rodeadas por soldados se sostenían de las manos. Recuerda estar sentada detrás de una pared baja cuando su pequeño hermano invadido por el pánico quiso llorar, pero en cuestión de segundos un solado lo golpeó en la cabeza con un palo haciendo que su hermano realmente guardara silencio, acto seguido escuchó un disparo seguido de otros y vio a muchas personas caer al suelo.

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Los visitantes ven una animación de la apertura de la masacre del 3 de abril en el Museo de la Paz. Foto: Asia Times / Andrew Salmon

Wan soon solo pudo correr aterrorizada y aun después de 70 años no puede olvidar la pierna ensangrentada que encontró en el camino, al bebé que reposaba en el pecho de su madre muerta, cuerpos decapitados y la tierra completamente húmeda por la sangre; hasta que encontró refugio en una calle desolada y estrecha en la que una anciana reposaba en el umbral de su vivienda mientras su cabello era consumido por las llamas al igual que su casa. Justo en el momento que los soldados aparecieron ante su vista, un jeep se detuvo mientras escuchaba el cerrojo de los rifles y una voz ordenando cese al fuego. Luego de esto las tropas se marcharon y acabaron con aquella masacre que fue una venganza por la muerte de dos soldados en una emboscada de partidarios.

Para Wan soon los siguientes meses estuvieron cargados de traumas, su tía falleció en aquella tragedia y su tío desapareció, muchos rumores decían que los soldados habían atado rocas a su cuerpo y lo arrojaron al mar, su pequeño hermano murió a causa de las lesiones por el golpe que recibió en la cabeza. En las noches era común escuchar relatos de encuentros paranormales, en los cuales las personas aseguraban ver una falda blanca agitarse en los alrededores, afirmando la presencia de fantasmas en el lugar.

Sin embargo, lo ocurrido en Bukchon, el pueblo que fue testigo de la tragedia, es solo una pequeña parte de una desdicha mucho más grande que los coreanos conocen como Sa-sam o 4-03 que se refiere al 3 de abril, conocida también como “la masacre de Jeju”, siendo este un gran acontecimiento en la historia de Corea, no obstante es poco conocido. Entre 1948 y 1949, cerca de 30.000 personas murieron en medio de una campaña de contrainsurgencia asesina, antes de la guerra de las dos coreas que comenzó en junio de 1950.

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Un monumento de roca negra a los niños muertos de Bukchon Village. Las aldeas han colocado regalos de juguetes y dulces en sus huecos. Foto: Asia Times / Andrew Salmon

Debido a lo anterior los habitantes de Jeju no quieren olvidar y trabajan para no hacerlo. Con el fin que las nuevas generaciones y cada visitante que llegue al lugar sepan a conciencia la historia del suelo bajo sus pies, en Jeju existen memoriales que acogen a quien quiera conocer ese pasado y entender cómo sus habitantes lograron sobreponerse. Uno es el Museo de la Paz, el cual es un enorme predio en el que las esculturas recuerdan a los asesinados, y en su interior se encuentran laberintos, en uno de ellos se pueden apreciar dos paredes completamente cubiertas con las fotos de las víctimas de los ataques. Niños, madres, padres, ancianos y jóvenes. Cada uno de esos rostros es un golpe de historia y de memoria.

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Los visitantes del Museo de la Paz ingresan a través de una reproducción de una cueva volcánica, que reproduce los escondites donde civiles y partidarios se escondían de las tropas que los perseguían. Foto: Asia Times / Andrew Salmon

A pocos minutos de allí se levanta el lugar quizá más sobrecogedor; las tumbas de los niños que fueron enterrados en los lugares de la masacre.

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El monumento en Bukchon a los niños asesinados en el pueblo. Replica sus cuerpos dispersos. Foto: Asia Times / Andrew Salmon

Los habitantes de Jeju cuentan su historia, la discuten, la explicitan a todos aquellos que visitan la paradisiaca isla, en el que es fácil que la naturaleza borre u opaque la historia. Quienes sobrevivieron dan testimonios y muestran cómo después del drama humanitario, con el paso del tiempo, lograron recuperarse. Pero no quieren olvidar y por eso se empeñan en que su historia se conozca, para que ese pasado nunca regrese.

 

 

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Leidy Bottía

hanadultalk@gmail.com

 

 

 

 

 

 

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