Cine/TV

Los príncipes azules también destiñen

Al hablar de k-dramas con amigas a veces es difícil coincidir nuestros gustos en cuanto a géneros, algunas prefieren dramas históricos, otras de comedia y hasta están las que disfrutan más de la acción; pero a pesar de estas diferencias todas en algún momento coincidimos en algo… querer encontrarnos algún día con nuestro príncipe azul coreano.

Los dramas se caracterizan por presentarnos a protagonistas hermosos, ricos y llenos de problemas existenciales, que al parecer son malos, pero que en esencia son pobres almas incomprendidas que solo el amor puede hacer cambiar y mostrar su lado vulnerable.

Este “cliché” nos ha llevado a idealizar a los hombres coreanos, todas en algún momento de nuestra existencia deseamos conocer al oppa de nuestros sueños y casarnos, solemos creer que todos los coreanos son príncipes azules sacados de un cuento de hadas, pero ¡ojo! Que los príncipes azules también destiñen.

Aunque las historias contadas son producto de la imaginación de los escritores no podemos decir que son 100% ficticias. Muchas situaciones se alimentan de la realidad cotidiana, cultural y política del país. Es así, como alcanzamos a “conocer” en nuestros dramas favoritos un poco de corea.

Y es que incluso los mismos dramas dan luces de la realidad cultural que se esconde tras el romance:  una cultura llena de machismo y misoginia. Pero en nuestro enamoramiento por el protagonista, por la trama o por la química de la pareja, solemos omitir esos destellos y normalizamos comportamientos que fácilmente pueden causar indignación.

A continuación, presentaremos algunas escenas de kdramas donde al príncipe azul se le desgastó la tinta y tal vez no lo notaste:

BOYS OVER FLOWERS: Empecemos por lo clásico.

Este es tal vez el drama clásico más popular, el primero que muchas vieron y el favorito de toda la vida de otras tantas, la mayoría nos enamoramos de Jun Pyo el chico rico, caprichoso y bullynero que a pesar de su clasismo se termina enamorando de Jan Di, una chica pobre que es becada en su escuela. (Por la forma en que lo digo parece que no me gustó, pero por el contrario, ahí empezó mi obsesión por Lee Min Ho, pero eso no nos concierne ahora.)

Al ver nuevamente este drama he notado que está lleno de expresiones machistas, pero la que más se me quedó grabada fue una escena en la que Jun Pyo secuestra a Jan Di y la viste como si fuera una princesa. Aquí se nos destiñó un poco el príncipe, en primer lugar la idea de secuestrar a alguien y luego cambiar su apariencia contra su voluntad, solo porque a ti te gustaría verla de cierta forma, es egoísta e irrespeta la individualidad de la mujer y su derecho a ser libremente como quiera. (esto sucede en el capítulo 2 desde el minuto 20:20 – 25:40 )

Birth of a Beauty (2014):

Este drama cuenta la historia de una mujer que sufre de sobre peso y que debido a esto es constantemente humillada por su esposo, familia política y por la sociedad. Luego de descubrir que su esposo le era infiel, sufre de un accidente y la declaran muerta; ella aprovecha esta oportunidad para cambiar por completo su apariencia a través de varios procedimientos quirúrgicos, y volver como una hermosa diosa para cobrar venganza.  Desde el inicio la trama está cargada de estereotipos de belleza disfrazados de humor, que normalizan la discriminación por sobre peso que existe en corea del sur.

El primer príncipe azul de esta historia se nos destiñó desde el capítulo uno, ese hombre que fue el primer amor de la protagonista, por quien lo daba todo, termina engañándola descaradamente y pues luego cuando ella regresa hermosa pretende reconquistarla.

Laura Acosta

hanadultalk@gmail.com

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2 comentarios

  1. Estoy de acuerdo con la autora y me gusta que desde el nombre del artículo comience a dar luces de querer romper con estereotipos. De los pocos K-Dramas que me he visto, 4 comparten ideas centrales parecidas.
    Las y los protagonistas tienen cierta tendencia al complejo de la Bella y la Bestia. Que se expresa muchas veces con violencia que es sobre todo psicológica: desprecio, indiferencia, tosquedad, apatía y hasta humillación del protagonista hacia la protagonista y que se justifica al final de la historia con un trauma con la madre o el padre de este. Mientras la protagonista lucha con todas sus fuerzas por hacerse un lugar en la vida del protagonista, tal vez con ideas que se encuentran en el imaginario colectivo como: “El amor todo lo puede”, “El amor todo lo aguanta”, “El amor todo lo perdona”. También son constantes las situaciones en donde son ellos los que se la están embarrando y son ellas quienes terminan diciendo “Oppa Mianhe”, no me deja de sorprender el nivel de sumisión. No sé si esto tiene que ver con que la figura de Tsundere toma cada vez más fuerza en la cultura donde se le hace apología. El riesgo de todo esto es que algunas niñas y jóvenes ven estos dramas como un referente para sus vidas que las puede llevar a seguir aguantando relaciones violentas donde son dependientes, continuamente subordinadas y donde no pueden ser libres. Y teniendo en cuenta que en la vida real muchas veces la bestia no se convierte en príncipe.
    En cuanto a la gordo-fobia habría un par de asuntos que decir pero creo que me he extendido mucho.
    Con esto no quiero condenar los K-Dramas, es más se los recomiendo a alguna de mis amigas por lo entretenidos y estimulantes que son, además de permitirte conocer un poco de otra cultura, pero la idea es que seamos espectadoras activas que podamos escoger qué apropiamos, qué valoramos, qué celebramos y qué cuestionamos.

    ¡En hora buena a la autora!

    Le gusta a 1 persona

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