Thriller

La familia Chijon: asesinos y caníbales

Era 1993 cuando Kim Ki-Khwan, ex convicto coreano, reunía a un grupo de siete amigos para conformar una pandilla que él llamó “Mascan” ya que creía que esta palabra significaba “ambición” en griego. No obstante, los fiscales llamaron a esta pandilla “La Familia Chijon”,  y fue con este nombre que pasaron a la historia de Corea del Sur.

El objetivo principal de esta unión era esparcir su odio común por la sociedad coreana, en especial por las personas adineradas y de clase media alta. Así que se dedicaban a “castigar a los ricos” y extorsionar a los familiares de estos. Fue cuestión de intercambiar ideas sobre lo que querían hacer, para empezar su carrera en derramar sangre.

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Imagen: Wowamazing

La Familia Chijon atacaba a las personas adineradas radicadas en Seúl, se fijaban en quiénes disfrutaban de lujos como autos, joyas, visitas a restaurantes lujosos y ropa de diseñador. Además, contaron con el apoyo de un empleado de una tienda departamental que fue despedido y producto de su resentimiento les regaló una lista con más de 1.200 nombres con los clientes más fieles de Hyundai. Así que eligieron de esa lista a las personas con más dinero y obtuvieron su información basándose en las tarjetas de crédito.

La pandilla se encargaba de secuestrar y extorsionar a familiares de las victimas cobrando montos no inferiores a $100.000 dólares. Sin embargo, luego de cobrar el rescate: torturaban, mataban y desmembraban  a sus víctimas; y en muchas ocasiones optaban por violar las mujeres y comer la carne de los muertos. Según dijeron después, el comer la carne de sus víctimas los llenaba de una sensación de poder y les daba el valor para continuar.

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Imagen: Wowamazing

Cuando muchos homicidios presentaban el mismo modus operandi, la policía se había propuesto atraparlos y absolutamente todos los coreanos sabían sobre ellos. Así que la Familia Chijon quería evitar a toda costa que los atraparan y optaron por incinerar el cuerpo de sus víctimas para borrar cualquier tipo de evidencia que los condujera a ellos. Improvisaron una hoguera en un campo solitario a las afuera de Seúl  y arrojaron allí los restos de sus víctimas.

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En Septiembre de 1994, los ataques de los inicialmente llamados Mascan continuaban. Y se conoció en esta misma fecha el testimonio de una joven que logró escapar del grupo de ocho personas. Según cuenta la mujer, su familia estaba muy bien económicamente y ella no tenía ningún problema con que se notara, sin embargo se arrepintió cuando descubrió que esa era la razón por la que había sido secuestrada y la habían convertido en una esclava sexual. La Familia Chijon estaba conformada por siete hombres y una mujer, pero los ocho se encargaron de violar en repetidas ocasiones a la chica. En su testimonio contó cómo la abusaban sexualmente, recordó la ocasión en que la obligaron a disparar en la cabeza de una chica que también estaba secuestrada y la ocasión en que la obligaron a sostener el cuerpo de otra víctima mientras la asfixiaban con una bolsa plástica. Y aunque nunca quedó claro cómo escapó de sus raptores, ella fue la pieza clave para ponerle fin a la Familia que amedrantó a la sociedad coreana por más de un año.

El 1 de noviembre de 1994, la policía consiguió capturar a todos los miembros de la pandilla, los cuales fueron juzgados y sentenciados a muerte. A pesar que terminado el juicio se les atribuían la desaparición de muchos miembros de la élite coreana, la triste realidad es que solo se les castigó por el homicidio de 5 personas y por otros delitos como extorsión, violación, etcétera. Sin embargo fueron condenados a la pena de muerte.

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Imagen: Wowamazing

Ningún miembro de la Familia Chijon cambió de opinión o se arrepintió de lo que hizo, uno de los miembros incluso declaró el día antes de su ejecución que era una lástima que no pudieran haber matado a más ricos. Así que hasta último minuto,  la familia Chijon no eran más que un peligro para la sociedad y pese que no fueron juzgados por todos sus crímenes, sí recibieron el mismo destino de sus víctimas, salvo que sin crueldad.

 

Leydi Botía Martínez

hanadultalk@gmail.com

 

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