Entrevista

Glenis, una misionera colombiana con corazón coreano

Glenis tiene 25 años, estudió Lingüística y Literatura en Cartagena- Colombia, vive actualmente en Jeju, Corea del Sur y ama el Kimchi. Su pasión por Dios y las almas, la llevaron a ese lugar, al que deseaba ir pero en el que nunca imaginó estar como misionera.

Se llama misionero a aquella persona cuyo objetivo principal es el anuncio del evangelio mediante obras y palabras entre aquellos que no creen. Esa forma de misión propiamente tal es conocida como ad gentes, es decir, hacia las personas, gentiles o no cristianos, y se desarrolla en lugares donde el evangelio no ha sido suficientemente anunciado o acogido, o en ambientes refractarios ubicados más allá de las propias fronteras donde se dificulta la prédica y aceptación del mensaje.

El llamado

Antes de llegar a Corea, Glenis se encontraba enamorada de su cultura e idioma

Mis primeras experiencias con Corea fueron con misioneros coreanos, con el idioma, la historia y tradiciones culturales. Recuerdo que en 2010, llegaron 7 coreanos misioneros a mi iglesia, en esa época apenas estaba redescubriendo mi cristiandad, y el pastor de jóvenes me llamó para ayudar. Lo que más me llamó la atención en ese momento fue el sonido del idioma, recuerdo que después de que terminamos todas las actividades, yo fui a casa y empecé a investigar sobre el idioma. En esos momentos el coreano aún no estaba en auge como lo está ahora, así que fue una tarea ardua encontrar buenos sitios web con explicaciones claras. La primera palabra que aprendí a escribir en coreano fue ‘나비’ ‘mariposa’. Mis amigos del colegio pensaban que yo estaba medio loca por el “chino”, en mi escuela la gente no sabía nada de corea. También recuerdo que cuando cursaba grado 11 (2011) la profesora de inglés nos pidió elegir un país y hacer una exposición sobre ello. Yo elegí el país del que más sabía, ¡Corea! A este punto ya sabía sobre el k-pop, para mí era solo música en coreano. Pero no escuchaba mucho, yo encontraba más fascinación en leer sobre la historia.

Con esta primera experiencia, comenzó a trazarse el destino hacia ese país en la vida de Glenis, sin embargo, la decisión que realmente marcaría el futuro llegó cuando ingresó al ministerio universitario de JUCUM (Juventud Con Una Misión). 

Los directores de este grupo de universitarios eran coreanos y había voluntarios Coreanos (…) Y bueno, todo fue pasando naturalmente, cuando convives con coreanos, es imposible no aprender palabras, frases, cosas prácticas de la cultura.  Con el paso del tiempo me hice muy cercana a los directores y a sus hijos, al punto de que hoy en día son como familia para mí, ellos me llaman hija ‘우리 딸’ y yo papá ‘아빠’, mamá ‘엄마’ (…) Tuve la oportunidad de traducir para equipos de coreano-americanos, ser parte de un equipo que creó la versión latinoamericana de un periódico universitario coreano. Y así poco a poco la cultura coreana se fue haciendo parte de mi vida. Era chistoso como algunos amigos coreano- americanos decían que yo era como un Boston Cake, Café por fuera y amarillo por dentro.

Pero en todo, creo que hay dos cosas marcaron mi vida con relación a Corea. Creo que fue lo que me hizo amar a corea en la forma en que la amo. Primero, la historia. Recuerdo haber encontrado un libro muy viejo en un rincón de la biblioteca de mi universidad que hablaba sobre la invasión japonesa a la península de corea, el libro hablaba de todas las cosas que los coreanos tuvieron que sufrir, sin embargo, ellos no se dieron por vencidos, ellos luchaban aunque la lógica y las circunstancias dictara de que no había esperanza.

Su llegada a Corea del Sur

 Sin embargo, hace dos años, yo vine a corea, de vacaciones. Primero dos semanas, fui a Mongolia por un mes, y regresé a Corea por tres meses. En esas primeras dos semanas, tuve la oportunidad de ir a un evento de universitarios cristianos llamado “Mission conference,” casi que todos los misioneros coreanos jóvenes que he conocido en mi vida han decidido salir a causa de esta conferencia. Un amigo, de esos primeros misioneros coreanos vino a esa conferencia un día para saludarme. Él dijo, “este es el lugar donde todo comenzó para mí, a causa de esta conferencia yo fui a Colombia. Espero que Dios también te pueda decir algo especial a ti.” ¡wow! Ese momento fue súper especial, no puedo explicarlo sin tener lágrimas y es difícil de explicar con palabras. Es como poder ver el lugar donde muchos años atrás todo comienza. Bueno, para mí todo también comienza en ese lugar. Una noche mientras estábamos en la adoración, yo abrí mis ojos y miré a mí alrededor. Y recordé la segunda cosa que me hace amar a Corea, los estudiantes universitarios.

Mi experiencia en la universidad no fue muy fácil en ámbitos personales, por cosas familiares, yo tenía mucha presión de sacar buenas calificaciones y de tener éxito. Sin embargo, creo que fui muy afortunada de tener a las personas que tenía al lado (del ministerio universitario), puede salir adelante y encontrar propósito. También había conocido las experiencias de otros universitarios en Corea, sus historias y la mía eran muy parecidas.

Así que comencé a orar por los universitarios, para que pudieran tener una visión clara de lo importante y especiales que son. Y en ese momento, sentí que Dios hablaba a mi corazón. “It ‘s time to give back from the much that you have received” “Es hora de dar de vuelta, de lo mucho que has recibido.” Y sabía exactamente a qué se refería.

Después de mi viaje a Mongolia, yo le conté a mis padres coreanos de que quería visitar Jeju (la Hawai de Corea). Mi papá hizo algunas llamadas y encontró que había un grupo de estudiantes universitarios que vendrían a Jeju para aprender de su historia, específicamente sobre la historia de la masacre del 4.30. Así que me uní a ellos. Todo fue en coreano, pero fue una buena experiencia. Antes de visitar los museos o sitios emblemáticos, yo tenía que estudiar más para poder entender, porque mi coreano no llega hasta allá.

A pesar de no ser de llorar, cada día yo lloraba por las cosas que habían pasado en Jeju, y me di cuenta de que este lugar se parece mucho a Colombia. Es un hermoso paraíso donde muchas cosas malas han pasado. Claro, Colombia aún pelea con la fama que se manda y muchas cosas malas ocurren. Pero también al igual que aquí las personas prefieren no pensar en esas cosas. Como Cartagena, es un lugar turístico al que todos quieren ir pero que nadie quiere proteger y cuidar, que solo explotan y son los locales los que sufren las consecuencias.

Bueno, después de esa semana, yo decidí quedarme unos días extras, en el campus de la Universidad de las Naciones. Los directores son amigos de mis papás coreanos, así que no hubo problema. Esos días conocí a mucha gente, conocía a una familia americana que estaba viviendo aquí, y después de compartir con ellos, la mamá me preguntó si podría orar sobre quedarme más tiempo y ayudarla con el home schooling de sus hijos.

Yo estaba de vacaciones, pero por algún motivo sentí que era lo correcto. Así que cancelé mi viaje a Busan y otras ciudades y me quedé en Jeju por dos meses. En ese entonces, los directores me extendieron la invitación de unirse para ayudar al proceso de internacionalización. Así que por los dos meses que estuve aquí oré al respecto, y decidí que regresaría.  A pesar de ser uno de los campus más grandes de la Universidad de las Naciones, es quizá el más homogéneo culturalmente de todos. Actualmente, el conteo de los staff son el siguiente: 211 Coreanos, 6 Chinos, 1 Nueva Zelanda, 7 Americanos (incluyendo Coreano-Americanos, solo hay 2 americanos-blancos) y 1 Colombiano (YO!).

Comparado al resto de Corea, Jeju no tiene muchos cristianos, los pocos cristianos en Jeju son en su mayoría cristianos que vivían en otros lugares de Corea y se mudaron aquí. En Jeju gran parte de la población cree en espíritus y dioses. Jeju es más de un trasfondo chamánico. En Jeju hay 18 mil dioses, y también se hacen sacrificios animales. Jeju también sufrió la masacre del 4.30 la época previa a las elecciones del primer presidente de Corea del sur después de la separación de la península coreana, y aun así es uno de los lugares más hermosos que he visitado. Jeju también tiene su propio idioma e históricamente Corea ha rechazado o abandonado a Jeju. Así que de Jeju, no hay muchos misioneros siendo enviados o entrenados, al contrario Jeju es todo un campo para hacer misiones. No solo con los locales, pero encuentras personas de otros países del sudeste asiático que vienen a las universidades de aquí e incluso algunos musulmanes.

Apenas llevo tres meses, pero como dije antes, tengo el sexto sentido coreano y logro hacer las cosas muy bien. Aún necesito aprender más coreano para llegar al nivel que considero ideal para hacer todas las cosas que me gustaría, y tener conversaciones más profundas. Mi coreano apenas llega al intermedio. Pero es bueno para hacer cosas de todos los días. Ir a la compañía de teléfono, abrir mi cuenta de banco, ir al mercado a hacer compras. Sin embargo, algo que me toca mucho, es que para que tengas las puertas abiertas de Corea, tu coreano no necesita ser perfecto, el hecho de que tú trates de hablar coreano, aunque te equivoques, las personas siempre lo admiran. A veces no lo entiendo mucho, siempre me dicen que mi coreano es bueno, y es que comparado con mi fluidez en inglés y en español mi coreano es muy malo. Para los coreanos, que han sufrido tantas invasiones en la historia, otros países que quisieron eliminar su idioma y cultura, ver a extranjeros que intentan comunicarse y aprender su idioma, extranjeros que aman a su cultura, es algo que les hace feliz y los hace sentir orgullosos.

Su aventura por Corea del Sur aún no termina, de hecho dice no saber cuándo regresará a Colombia. Glenis nos dejó un dato final que nos anima a visitar ese país por más que unas simples vacaciones, en Corea actualmente viven menos de 100 colombianos. ¿Te animas a visitarlos y darles un poco de ti?

Jucum: http://jucumcartagena.com/

Instagram de Glenis: https://www.instagram.com/glenismarie18/?hl=es

Imágenes cortesía de : Glenis

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Yola. O

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