Mucha ropa sucia: Bangladesh y el oscuro mundo de la moda rápida

Por: Loraine Benítez G

Alguna vez de te has preguntado ¿de dónde vienen las cosas que consumimos? y específicamente, la ropa que usamos todos los días ¿por quién fue confeccionada? o ¿en qué condiciones han sido hechas?, pues el mundo textil tiene una fuerza tan imponente que actualmente es considerado como la segunda industria más contaminante del mundo después del petróleo. Su contaminación no solo es medio ambiental, sino social, por ello, hablaré sobre este sector económico en un país que lo vivencia a diario y es el oscuro mundo de la moda en Bangladesh, donde hay explotación laboral, trabajo infantil y sin duda un impacto ambiental negativo muy grande. 

Todo se origina por la denominada fast fashion o moda rápida, que consiste en tener un sistema estructurado para producir ropa en el menor tiempo posible, buscando sacar nuevas tendencias de moda accesibles a todo público (barata), con el objetivo de vender más, por ello grandes marcas extranjeras buscan países donde puedan reducir la mayor parte de los costos con el pago de mano de obra barata y donde la regulación de los derechos humanos y los derechos laborales sea mínima, como en Bangladesh, pues este país tiene un foco textil considerable, siendo uno de los mayores exportadores del mundo, pero ¿a qué costo? 

Para entender este fenómeno es importante conocer la historia del país, pues Bangladesh anteriormente hacía parte de India, la cual estaba colonizada por la corona británica, que después de su independencia en el año de 1947 pasó a estar dividido en dos: en la Unión India y Pakistán, que a su vez, quedaba dividido en Pakistán Occidental y Pakistán Oriental, ambos con tensiones constantes; por ello este último (Pakistán Occidental) proclamó su independencia con el nombre de República Popular de Bangladesh, el 26 de marzo de 1971. Después de su liberación el país pasó por momentos de hambruna y el desarrollo se daba de manera lenta, pero el sector textil era parte de ese proceso de industrialización, tomando cada vez más fuerza, concentrándose en las exportaciones y la presencia de empresas extranjeras, creando acuerdos y potencializando la industria de la confección como una marca propia del país.  

En la actualidad, los trabajadores (la mayoría son mujeres) tienen salarios muy bajos, estando bajo condiciones muy complicadas, llegando a la explotación laboral y la esclavitud. En el 2019, 5.000 empleados hicieron protestas en una fábrica textil por el mal pago de sus horas trabajadas y fueron despedidos por exigir su derecho a que les subieran el salario. También es una realidad que los niños se ven involucrados en las fábricas, trabajando en la industria textil y de cuero, sin ninguna oportunidad de estudiar, es tan normalizado el caso que también permee otros trabajos e industrias. 

Imagen: Daniel Rodrigues – The New York Times 

El mundo conoció estas situaciones por una tragedia que evidenció la triste realidad detrás de la industria de la moda, ya que, el 24 de abril de 2013, el edificio Rana Plaza en la capital de Bangladesh (Dhaka) que albergaba 5 fábricas de ropa que producían para marcas europeas y norteamericanas, se desplomó dejando 1.134 personas muertas y más de 2.000 heridas, sacando a la luz las deplorables condiciones a las que estaban sometidos los trabajadores. Teniendo en cuenta que el edificio contaba con muchas fisuras, fue una tragedia que se pudo evitar, siendo así el mayor desastre en la historia de la industria textil jamás registrado, aunque no es el único, un año antes se registró un incendio en Tazreen Fashions (Dhaka) donde “el 24 de noviembre de 2012 murieron más de 120 trabajadores de la confección. Murieron quemados, porque las salidas de emergencia estaban cerradas y los extintores, obsoletos”

Si bien es cierto, debido a este suceso muchas situaciones fueron modificadas, acuerdos fueron firmados para mejorar las condiciones de seguridad de los edificios (Acuerdo sobre seguridad contra incendios y edificios en Bangladesh y la Alianza para la seguridad de los trabajadores) promoviendo las buenas condiciones para trabajar en fábricas textiles, dando también espacios para la consolidación de más sindicatos que luchan por sus derechos, pero es necesario recalcar que muchas situaciones siguen siendo iguales, los trabajadores siguen siendo explotados, los niños siguen trabajando y muchas empresas están en malas condiciones, un ejemplo de ello son las situaciones que se generaron debido al COVID-19, empleados de fábricas textiles denunciaron tener que trabajar hacinados en la pandemia, donde no tenían ni una máscara de protección. 

En cuanto al impacto ambiental es muy grave, Bangladesh es considerado el país más contaminado del mundo y gran parte de ese resultado es por la industria textil, los productos para teñir terminan en los ríos del país, los sobrantes de los insumos y la ropa que se hace para fast fashion termina en muchas ocasiones en la caneca de la basura en todo el mundo. 

Imagen: Daniel Rodrigues – The New York Times

Lo difícil de la situación es que, al ser un país tan empobrecido y con condiciones difíciles, las personas ven en la industria textil y confección una oportunidad de trabajo, son víctimas del mismo sistema en el que han vivido, mientras que las grandes empresas se aprovechan, sumado a las mediocres ayudas que reciben por el gobierno, marcas grandes como Zara y H&M tienen fábricas en Bangladesh y se han visto involucradas en estas mismas denuncias, aunque lo niegan constantemente. 

Esta problemática puede repercutir en todos, ya que somos consumidores activos, lo más doloroso es que en un futuro podemos comprar una prenda que ha sido confeccionada en estos países y en estas condiciones, es más, puede que en este momento estés usando una, pero el hecho de no comprar también afecta directamente a las personas que solo viven de esto y es su única esperanza, pues las víctimas aquí son los empleados, aunque el comprar también alienta a que estas empresas sigan reuniendo riquezas a costillas de la explotación, por ello es fundamental, primero que se visibilice y denuncie, pues tanto el gobierno como las empresas son las responsables y segundo, se aliente a respaldar a la comunidad trabajadora textil, apoyando los sindicatos, las fundaciones y los grupos que luchan por sus derechos. 

Imagen: Daniel Rodrigues – The New York Times  

En otros países como India, Turquía y Marruecos se siguen los mismos patrones para hacer ropa “fast fashion”, ya que estos lugares en vía de desarrollo prestan todas las condiciones para confeccionar a bajo costo (lo que más les interesa a las fábricas y empresas), desafortunadamente, la industria textil tiene una imponente fuerza y es una realidad que es difícil que este fenómeno se acabe pronto, pues en este mundo consumidor importa más el “estar a la moda” 

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